¿Qué se hizo allá?

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Estudiantes Participantes

Testimonios

  • África me enseñó a vivir un ritmo distinto, un ritmo que te hace disfrutar y valorar cada momento. Vivir el presente de manera intensa sin pensar en lo que será el futuro. Tal como los niños, disfrutar y sorprenderse de las cosas pequeñas de la vida. Esa alegría infinita y sencilla que ellos tienen es un recuerdo para centrarse en las cosas importantes de la vida y agradecer por todo lo que tenemos.
    Amanda Stefanic
  • A pesar de estábamos en una de los mejores colegios de Tanzania, a los niños les faltaban muchas cosas y comodidades que para nosotros podrían ser prácticamente necesidades básicas, pero para ellos eso nunca fue un problema, a pesar de sus extenuantes horarios y responsabilidades siempre te sentías encantado por la alegría y felicidad que muestran estos niños. Pero no fueron solo los niños lo que me marcó de África, sino también Simba Clay, donde con solo ir a tocar música una hora al día podíamos generar infinitas emociones en un grupo de personas, es una sensación muy difícil de explicar, pero luego de ir siempre salía con una sensación de felicidad, pero desde adentro, como si saliera de la guata. Tanzania me mostró que la felicidad es simple, que no cuesta nada ser feliz y hacer feliz a los demás, y finalmente que no hay nada mas lindo que la sonrisa de un niño.
    Gonzalo Cisternas
  • Resumir una experiencia así, todo lo que viví y todas las enseñanzas que me llevo es una tarea imposible. Aprendí que para el cariño y la alegría el idioma nunca es una barrera, pude darme cuenta del valor que tiene una sonrisa honesta, volví a ser niña, a observar, pintar, bailar, jugar y cantar, pero, más que nada, a reír un millón de veces... Todos debiéramos aspirar a ser cada día más como niños en áfrica. A tener esa sonrisa que ilumina su cara, a gozar con los detalles, a asombrarse con lo nuevo, a tener esas ganas de aprender y a disfrutar de las cosas simples del día a día. Porque me di cuenta una y otra vez de que para ser feliz no se necesita de nada más que unos ojos atentos a lo que pasa a nuestro alrededor. Me voy con el corazón lleno y una sonrisa enorme y después de este tiempo solo me queda volver a repetir una y otra vez Asante Sana Tabora.
    Bernardita Van Wersch
  • Para mi esta experiencia me reafirmó el que uno nunca deja de aprender, y que no hay que perder la capacidad de sorprenderse. No importa a cuántas cosas haya ido antes, voluntariados, campamentos, misiones, uno nunca se jubila de emocionarse por una sonrisa, una conversación o una enseñanza. Después de todo, con cada experiencia vivida a la gente se le permite entrar en lo íntimo de cada uno, existe un cambio único y personal en el corazón.
    Joaquín Couyoumdjian
  • Siempre creí que era yo la que traería cariño y alegría a las personas de África, pero fueron ellos los que llenaron mi corazón de felicidad. Nunca creí que sin saber mucho del idioma, y siendo de diferentes culturas iba a poder compartir y vincularme con las personas de acá. Incluso el no poder hacer gestos ni tener muchas palabras para expresarse no fueron barreras suficientes para poder comunicarnos y vincularnos, ya sea a través de la música, cocina o risas. En esta experiencia he valorado enormemente el obtener la felicidad en las cosas sencillas, muchas veces con solamente imaginación e ingenio. Fue una experiencia totalmente distinta a lo que he vivido anteriormente, y espero poder vivir sus aprendizajes por el resto de mi vida. Esta experiencia me ha marcado profundamente, me entregué con el corazón, de una forma tan sincera como pocas veces lo he hecho en mi vida. Espero poder hacerlo a nivel profesional y que esta vivencia ayude a muchos ingenieros a darse cuenta del potencial que tenemos para ayudar a la sociedad, sobretodo a aquellos que son tan felices con cosas tan sencillas.
    Francisca Giraldez
  • Los sentimientos son variados y diversos, uno pasa por etapas que nos van definiendo. La llegada está cargada de mucha ansiedad y ánimo por querer mojar la camiseta acá en África. Los días van pasando y la desconexión ayuda a sentirse realmente acá, inserto en la vida y en la rutina de estos niños. Comienzan a surgir reflexiones sobre nuestros propias vidas, cargadas de alegría por las personas que se han puesto en el camino en el último tiempo. De ahí que uno comienza a valorar todo lo que tiene y a todas las personas que uno quiere, que están alrededor. El cansancio se comienza a notar, pero las ganas de dejar el corazón acá no te deja caer, sino que reafirma el poder que uno tiene que alegrar la vida de las personas que se nos presentan en nuestro camino. Esto deja una reflexión final, en la vida se puede lograr una sonrisa y alegrías haciendo a veces lo que para uno puede sonar demasiado simple. Es increíble el poder que un juego o una canción pueden tener sobre la vida de las personas. Una enseñanza para la vida.
    Janus Leonhardt
  •   Si tuviera que hacer resumen sobre como me ha hecho sentir esta experiencia lo resumiría en la siguiente frase: Es levantarse temprano, comer arroz y porotos todos los días, agua fría, sin mi cama, mi baño, mis cosas; pero también es levantarme con una sonrisa y acostarme con ganas de que parta un nuevo día, sentirme feliz y completa 24/7, no preocuparme por tonteras, desconectarme para conectarme realmente con la gente. Y eso es algo que no cambiaría por nada, sin tener ninguna de las comodidades que tengo en mi casa soy mucho más feliz estando aquí. El amor que uno entrega no es absolutamente nada comparado con todo el amor, felicidad y sonrisas que uno recibe a cambio, solo ver jugar a los niños y verlos reírse hacen que no pueda parar de sonreír. Una alegría que se contagia, que quiero llegar a contagiar a Chile.
    María de la Luz Gross
  • Mucha gente se pregunta ¿Por qué al otro lado del mundo? ¿Por qué ayudar a alguien que probablemente nunca más verás? Porque una cultura distinta y un estilo de vida diferente te hacen ver que las relaciones humanas van más allá que entender sólo las palabras, sino que entender el por qué de las cosas. El por qué una vida de esfuerzo como lo es la de gente de Tanzania es tan gratificante de ver y de vivir, y de poder apreciar cómo pese a estar con lo mínimo disfrutan lo máximo. Luego de esta gran experiencia vuelvo habiendo dejado parte de mí en este lugar, una parte que siempre estará agradecida de las enseñanzas que recibió de gente a la que se supone que debería haberle venido a enseñar. Gente que nos acogió y nos trató como hermanos y hermanas, y al momento de despedirse, se despidieron como tal. Espero poder llevar lo mejor de vuelta a Chile y contagiarlo, porque definitivamente el mundo necesita el espíritu noble y de buena voluntad que poseen las personas con las que convivimos.
    Vicente Jander
  • Esta experiencia me ha permitido observar la felicidad que pueden traer las cosas simples. He podido apreciar que no se necesita mucho para ser feliz, lo importante es diferenciar lo que es realmente importante de lo que solo te trae preocupación innecesaria. Este tiempo ha sido uno de los mejores de mi vida y quiero empezar a vivir más el presente y entregar el corazón en lo que estoy haciendo en el momento, sin preocuparme tanto de lo que viene después. Siempre recordaré este lugar, los niños y las personas con las que conviví este mes. Logré conocer una cultura distinta, de la que me voy a llevar partes a Chile y así convertirme más en africana. Los niños son increíbles! cuando piense en los momentos que corrí, jugué y bailé con ellos me traerá siempre una sonrisa y me recordará la importancia de vivir el presente y valorar las cosas simples.
    Melanie Geisse
  • Hay que ser realista, a pesar de que en otros voluntariados también pasa, hay que reconocer que uno se lleva mucho más de lo que entrega. Creo que es brutal en este caso, porque uno aprende de una cultura muy distinta, donde la “falta de desarrollo” le ha permitido mantener tradiciones y una esencia especial. Una capacidad de ser feliz con cualquier cosa y en cualquier momento, desde adolescentes con un par de globos hasta personas con menor capacidad visual pegándole a una mesa. Su felicidad se contagia y espero poder hacerlo yo el resto de mi vida.  Es verdad que hace tiempo sé que quiero hacerlo toda mi vida, por lo que no me ha cambiado mi objetivo de vida, pero si me dio una gran experiencia de amor y un sinfín de aprendizajes de cómo vivir la vida. Porque no solo el fondo importa, sino que también importa la forma y espero poder enfrentar la vida de una forma un poco más parecida a la de los niños en Tanzania, con alegría y ganas de hacer feliz a los demás.
    Javier Peñafiel
  • Todo ocurre de forma tranquila, sin apuros. Ese ritmo africano, donde no se conoce la urgencia. Urgencias que, en mi día a día, son casi siempre ficticias. Creo que algo que me marcó de forma total es el hecho de que aquí, todos los niños que conocí tienen unas ganas increíbles de aprender más. No importa sobre qué, pero aprender.
    Joaquín Castillo
  • Estoy muy agradecida de haber vivido esta experiencia, ya que además de haber conocido otra cultura totalmente distinta, cambió mi enfoque como futura ingeniera, el cuál tendrá una orientación más social. Una de las cosas que más me impresionó sobre los niños es que independiente que vivan una vida tan monótona, son capaces de hacer cada momento único y es algo que deberíamos aprender de ellos. A pesar de que hayan sido solo tres semanas, hay momentos y risas con los niños que voy a tener guardadas para siempre.
    Constanza Ravanal
  • Mi experiencia en Tanzania me ayudó a vivir y empatizar con una realidad muy distinta a la mía. Vivir en el orfanato sirve para tener una experiencia global que te deja enseñanzas en aspectos de educación, relaciones humanas, pobreza y religión en la sociedad de Tanzania. Si bien en un momento del viaje se me hizo difícil adaptarme a la vida que llevan los niños y a la impresionante rutina con la que viven sus días, creo que valió la pena vivir esa dificultad. Me quedo con una sensación de plenitud y felicidad por haber disfrutado la experiencia, nuestros logros en el trabajo manual y las actividades con los niños. Además, me declaro convencido de que el cariño y la buena onda traspasa los límites del lenguaje y solo basta con empatía y ganas para conectarse genuinamente con alguien.
    Diego Pulido
  • Este mes pude ver cómo afectamos a los demás y cómo los demás nos afectan. Simba clay fue una instancia increíble para ver cómo la música nos reúne bajo un lenguaje común y nos hace vibrar. Personas que no tenían la posibilidad de ver y que tampoco hablaban español, nos hicieron parte de su mundo, sin discriminarnos por ser extranjeros, y nos dejaron ver toda la energía contenida que quizás nunca antes habían podido expresar. También conectar con los niños del orfanato y ver su realidad me hizo reflexionar de lo mucho que tenemos y que no aprovechamos. Los niños nos entregaron mucho amor y nos llenaron de alegría sin importar su situación personal y sacrificio constante. Veníamos a ayudar y enseñar, pero fuimos nosotros los que más aprendimos. Volvemos con más energía y ganas de hacer cambios, enfocando la ingeniería a lo humano, lo social, que cuando hagamos proyectos también sea porque nos llena el corazón y no solo por optimizar procesos y aplicar ciencias.
    Valentina Rivas